Ejemplo de vida

El libro de la familia Luis:

Todo comenzó cuando una noche de invierno. Sentados en la cocina, conversando con mi papá quien estaba tostando el café que sus hijos le habían mandado de Venezuela, me contaba la historia de la familia, especialmente de su padre, Antonio Luis Ravelo.

Para mí fue una historia tan interesante, que me parecía como de novela y me quedaba horas enteras escuchando lo que él me contaba, entre esas cosas me narraba como comenzó su padre emigrando a Cuba, buscando como otros la fortuna que muchos perseguían y una mejor vida para su familia. Él era un muchacho joven cuando viajo a Cuba, apenas tenía 14 años y no conocía nada de la vida, solamente tenía la ilusión de conseguir en esa isla lo que para aquellos tiempos era muy difícil de tener en Canarias y sin pensarlo, le ofrecieron prestarle el dinero para poder pagar el flete (pasaje), y así se aventuró en un barco, el cual tardaba meses para llegar a su punto de destino.

Por fin después de semanas llego a Cuba, sin saber a dónde llegar y todavía  en el muelle oyó alguien que gritaba:

  • ¿Quién quiere trabajo?

Él levantó la mano y lo metieron en una carroza a él y a varios que lo acompañaban y así lo llevaron a una hacienda a trabajar de sol a sol. Cada año le daban una moneda de oro, su trabajo era cortar madera y lanzarla al río, todos los días estudiaba la manera de poder salir de ese sitio pero ni siquiera sabía dónde estaba. Ya tenía tres años en esa hacienda y tres monedas de oro, una noche decidió amarrarse a un madero de los que echaban al río y así estuvo toda la noche, dando tumbos río abajo, cuando ya amanecía empezó a ver luces, muerto de frío y de hambre, se desamarró y empezó a nadar, y nado con el alma entera, llegando a la orilla, se arrastró como pudo y se quedó sin fuerzas, desmayado, cuando por fin empezaba a salir el sol escuchó:

  • ¡Sartenes, vendo sartenes!

Era un señor mayor que pasaba pregonando y vendiendo, de golpe mira y lo ve en la orilla y le pregunta:

  • ¿Qué haces aquí?

Él le cuenta lo que le había pasado y el señor le da la mano y le dice:

  • Ven conmigo a mi rancho que allí cabemos los dos.

Y fue así como comenzó su vida en la Habana, Cuba. Llegó al rancho de Juan, que así se llamaba el señor que lo llevó y estuvo durmiendo todo el día, en vista que no se despertaba, Juan decidió llamarlo para que comiera algo, se levantó, comió y sin fuerzas se quedó dormido otra vez, no sabe el tiempo que durmió, pero se acordaba que fue bastante, al despertarse se sentía otro hombre, ya estaba recuperado, el sueño lo dejó cómo nuevo, se metió debajo de un chorro de agua que estaba en el patio y al rato llegó Juan, y le preguntó:

  • ¿Estás listo para  trabajar?

Y sintiéndose tan fuerte le dijo:

  • Ante todo, muchísimas gracias por ofrecerme tu casa y segundo, estoy dispuesto para trabajar en lo que sea.

Los primeros días vendió con Juan sartenes por qué eso era lo que él hacía, fue conociendo las calles y vio que nadie vendía telas y pensó:

  • Voy hacer unas maderas y las voy a poner en mis hombros y las llenaréde tela.

Con las monedas que tenía se puso su negocio y así empezó a vender por todas las calles, en las noches conversaba con Juan y entre los dos hacían sus planes.

Mi abuelo siempre con su ilusión de regresar a las Islas Canarias. Todas las horas que podía llamaba al Cristo del Calvario ya que siempre le tuvo gran fe:

  • Cristo ayúdame para volver a mi tierra.

Con esa gran fe y mucho entusiasmo fue ahorrando, cada día le iba mejor, Ya conocía por dónde iba y se le hacía más fácil se, levantaba temprano y tenía sus encargos que entregaba con alegría y cada día le iba mejor. Logró tener muy buenos ahorros y decidió regresar a las islas lleno de entusiasmo le dijo a Juan

  • Mi amigo, voy a dar una vuelta por mi tierra y a buscarmeuna compañera, porque esto de estar solo no es nada bueno y yo quiero tener mi familia.

Preparó su equipaje y compró buenos baúles. Por aquella época se viajaba con baúles y los personalizaban con sus iniciales, muy contento se fue a Tenerife, lo primero que hizo fue visitar al Cristo del Calvario y agradecerle su regreso y pedirle una buena compañera.

Mi padre me contaba que cuando salía de la iglesia vio a una muchacha y quedó prendado de ella y pensó que esa era la que le estaba mandando el Cristo. La buscó hasta saber quién era y así la pidió a sus padres, quienes estuvieron contentos por esta petición, al poco tiempo se casaron, siempre quiso tener una familia numerosa y tuvo 5 hijos, uno cada año, pero la mala suerte hizo que a su mujer le diera la fiebre amarilla y para esa época no habían los medicamentos adecuados y murió dejándolo con sus 5 hijos, y sin saber qué hacer, le dijo a su cuñada:

  • Ayúdame con mis hijos por qué por una vez en la vidano sé cómo resolver esta soledad que me deja mi esposa y compañera.

Se dedicó a comprar todo terreno que había pertenecido a su familia y no podía con su soledad, hasta que una mañana decidió viajar nuevamente a Cuba, se fue dejando a sus hijos con la cuñada y con la esperanza de tener quien lo esperara a su regreso, así marchó a Cuba, ya conocía su negocio y se entretenía tanto que pasaron los años y se había encerrado tanto en su soledad que no hacía sino trabajar día tras día. Un día mientras trabajaba encontró a un paisano y estuvieron hablando y fue como si algo se despertara dentro de él:

  • Dios mío, ¿cómo estarán mis hijos?

Se pasó toda la noche llorando.

  • Cristo bendito, pensé más en mi soledad que en mis hijos, ¿cómo estarán?

De pronto, le entró tal desesperación que decidió regresar a las islas para reunirse con sus muchachos, al llegar se sentía mal porque no sabía  cómo lo recibirían ellos después de tanto tiempo. Las comunicaciones eran muy pocas para la época y casi no sabían unos de otros, sin embargo cuando llegó a su casa y los hijos lo vieron, corrieron y se volvían  locos por abrazarlo. Para la época no era muy normal tanto abrazo pero él se sentía tan falto de ese amor que estuvo tiempo con ellos en sus brazos, y en ese momento dijo:

  • Este amor no se compra con todo el oro del mundo.

Se sintió tan querido que prometió no volver a irse. Con el tiempo pensó en conseguir a una compañera, él era muy joven y quería rehacer su vida y que sus hijos tuvieran una madre, y así fue como se casó por segunda vez, los hijos se llevaban muy bien con la mujer que había escogido su padre y eran una familia muy unida. Al poco tiempo llegaron los hijos de esta nueva pareja, su mujer era tan buena que para ella todos eran sus hijos por igual y cuenta mi padre que al casarse los primeros hijos, le dijo su esposa:

  • Dale a tus hijos la parte de lo queles toca de cuando vivía su madre.

Mi abuelo la miró y aunque era un hombre de mucho carácter se le salieron las lágrimas recordando a su primera esposa y sin decir más nada les dio lo que esta le pedía, ella comprendió y lo abrazo pues sabía lo que él la había querido y trataba de llenarlo de amor e integrarlo a sus hijos como si fueran de ella.

Mi abuelo era un hombre de mucho carácter e igual de trabajador, sus  fincas en Icod de los Vinos eran muy extensas, en el registro de la propiedad era el que más tierras tenía, su apodo era don Antonio el Fraile. Todavía hoy está la casa de los Frailes en la Costa. Desde la carretera de la Guancha hasta el mar eran suyas, tenía fincas en El Miradero, El Calvario, con casas que aún son propiedad de la familia, tuvo 12 hijos todos con muy buenas propiedades heredadas de mi abuelo, nietos y bisnietos y después de tantas generaciones, aún yo, Plácida Luis y mis hermanos heredamos por mi padre de esas propiedades, mi abuelo era un señor muy caritativo, su costumbre de repartir nos la dejó como clave, él decía:

  • No te apegues a lo material, cuida lo espiritual y da para que Dios cubra tu familia de bendiciones.

Bendito mi abuelo por tan hermoso legado que siempre tenemos presente.

Mi abuelo era un  hombre luchador, trabajador humano y de mucha personalidad, ejemplo para todos sus descendientes, a mi abuelo le agradezco y a mí Cristo del Calvario, por haber tenido un padre ejemplar, él nos enseñó el valor de la familia y valores que llevaremos a lo largo de nuestras vidas y ese será nuestro sello, la honradez y nuestro escudo el amor, serán nuestra carta de presentación donde estemos.

Don Antonio Luis Ravelo, su apodo fue Don Antonio el Fraile. Esto es de la vida real. Y en recuerdo a las narraciones de mi padre, hoy les digo, esto es ejemplo de vida y fe en sí mismo. Con esfuerzo y empeño llegamos donde queramos, así como llego Don Antonio el Fraile dejando su mejor legado. “trabaja para que tengas”.

 

5 Responses to “Ejemplo de vida”
  1. Karen says:
  2. Gaby Pérez says:
  3. Jenny says:
  4. Rosangelica Pérez Leon says:
  5. Antonio David says:

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